Dormir bien en verano

El calor puede alterar el descanso, pero algunos ajustes sencillos ayudan a dormir mejor. Usar un ventilador en modo fijo o con rotación suave permite mantener la habitación fresca sin necesidad de dejar la ventana abierta, algo importante para la seguridad. También sirve ubicarlo frente a una pared para que rebote el aire y genere una corriente más suave durante la noche. La ropa de cama liviana, idealmente de algodón o fibras naturales, permite que el cuerpo respire mejor y evita la sensación de encierro. Elegir un pijama ligero, de telas frescas y transpirables, también hace una gran diferencia.

 Mantener la habitación ventilada durante la tarde, cerrar cortinas para bloquear el sol directo y tomar una ducha tibia antes de acostarse ayuda a bajar la temperatura corporal. Evitar comidas pesadas, alcohol y el uso prolongado de pantallas al final del día favorece un sueño más profundo. Y si el calor sigue siendo intenso, un vaso de agua fría cerca de la cama o una toalla húmeda sobre la frente pueden ayudar a conciliar el sueño más rápido y despertar con más energía al día siguiente.